“Quisiera que todas las gestantes sustitutas tuvieran mis derechos”

Ilustración: Carolina Urueta

Por: Catalina Ruiz-Navarro 

Estos son los testimonios de Lucía y Ana, dos gestantes por sustitución que nos cuentan sus historias, sucedidas en Tabasco y CDMX. Ambas afirman que repetirían la experiencia y nos comparten qué harían diferente. 

¿Desde cuándo existe la reproducción asistida?

Antes de 1960 la reproducción sexual humana se hacía, principalmente, a través del coito. A partir de la segunda mitad del siglo XX se produjo un boom de las técnicas de reproducción asistida; sin embargo, la experimentación con la reproducción no-coital llevaba siglos. En 1765 el científico L. Jacobi presentó sus hallazgos sobre fertilización artificial en huevos de pescado y en 1785 el sacerdote italiano Lazzaro Spallanzani experimentó con inseminación artificial en mamíferos, logrando embarazar a una perra. 

El primer caso conocido de inseminación artificial en seres humanos se atribuye al cirujano inglés John Hunter en 1799, poco después de que, con la invención del microscopio, se identificara el esperma. Pero fue hasta la década de 1940 cuando se comenzó a pensar en la inseminación artificial como una práctica médica y en 1953 se lograron los primeros embarazos con semen congelado. Luego empezó la experimentación con la fertilización “in vitro”, que consiste en sacar los óvulos de la mujer, fecundarlos con espermatozoides fuera de su cuerpo y luego implantar el embrión en un útero. En 1978 la fertilización in vitro tuvo su primer resultado exitoso con el nacimiento de Louise Joy Brown, conocida como “bebé probeta”. 

Desde entonces las técnicas de reproducción asistida se han hecho cada vez más populares. Dice la académica Eleonora Lamm que “han generado lo que se conoce como revolución reproductiva, debido a que separan, radicalmente, la reproducción humana de la sexualidad”. Esto abrió la posibilidad de garantizar los derechos sexuales y reproductivos tanto de personas infértiles como de parejas del mismo sexo. 

Lucía

“Tengo una prima que cuando yo tenía como 16 o 17 años no podía tener bebés, cada embarazo que tenía lo perdía, y estaba muy triste, muy deprimida. Entonces mi primer pensamiento fue: pues si su horno no sirve, que use el mío. Luego me enteré de que había logrado quedar embarazada, entonces no le dije, pero siempre me quedó la espinita”, cuenta Lucía, mexicana, sobre la primera vez que pensó en prestar el servicio de gestación por sustitución. “Después me junté con mi pareja, tuve hijos y entre el trabajo y la educación de los niños, ya no me pasó por la cabeza. Luego vivíamos en Cancún y me apareció un anuncio en Facebook diciendo: ‘Gestación subrogada, tú puedes ser subrogante’. Me meto a investigar qué carambas era eso y me doy cuenta de que era lo que yo quería hacer con mi prima. Luego me doy cuenta de que es remunerado y digo: ‘Ah pues sí, tiene sentido, porque son muchos riesgos y es mucho trabajo”. 

Aunque Lucía ya tenía la idea en su cabeza desde la adolescencia, su experiencia como gestante por sustitución no vino sino hasta mucho más tarde: “Después de unos años nos mudamos a CDMX y allí una amiga me contactó y me dijo: ‘¿No quieres donar óvulos?’. Y yo dije: ‘Sí, pues claro, ¿quién no quiere donar cosas que no le sirven para nada? Entonces fui a una clínica de fertilidad, pero resulté siendo no apta para donar. Hablé con el doctor sobre subrogación, luego me contactó con una pareja de 50 años que tenía una niña de 9 años y quería otro bebé; habían congelado embriones, pero dos implantes en ella habían fallado y solo les quedaban tres. Era su última oportunidad”

La gestación por sustitución en México 

Según la abogada mexicana Alehlí Ordóñez, directora y fundadora de Ledeser A. C., organización especializada en el litigio estratégico de derechos civiles, sexuales y reproductivos de las mujeres y poblaciones LGBTI, lo que hoy se conoce como gestación subrogada o por sustitución “es un acuerdo en virtud del cual una persona, llamada gestante, va a llevar a término un embarazo en favor de un tercero o terceros, a quienes se les denomina intencionales”. Cuando se usa el óvulo de la gestante, explica la abogada, se llama gestación subrogada y cuando la gestante no tiene identificación genética con el embrión, se denomina gestación por sustitución, aunque muchas veces estos términos dependen de la legislación.  

En México, la gestación está legislada en dos estados: Tabasco y Sinaloa. En Tabasco desde 1997, cuando se publicó un nuevo Código Civil; en dos artículos, el 395 y 392, se aclara que la filiación del bebé es con los intencionales. También se dice que se protegerá la identidad de la gestante, es decir, que su nombre no aparecerá en el acta de nacimiento. Este nuevo Código abre un mercado, la posibilidad de que haya clínicas de reproducción asistida, capitales extranjeros, agencias de gestación subrogada y despachos especializados. Todo un ecosistema de servicios se forma alrededor de la reproducción asistida. Sin embargo, explica Ordóñez, “el Código de Tabasco nunca estableció procedimientos sobre quién puede acceder a este derecho o sobre quién puede ser gestante y quién no, y lo que empieza a ocurrir es una ley de oferta y demanda pura y llana”. 

Sin procedimientos establecidos, las prácticas se fueron configurando a través del ensayo y error. Hoy lo que se hace es firmar un contrato entre las partes y llevarlo ante un notario que da fe de la fecha, de quiénes firman y de que la gestante no estaba embarazada al momento de firmar. “Esto es muy importante, porque previene que haya tráfico de niños o niñas, o compraventa de bebés; no se trata de una mujer que ya está embarazada y va a dar al futuro bebé a cambio de dinero”, explica Ordóñez. 

“Cuando nace el bebé, los intencionales van al registro civil y se firma un documento que se conoce como ‘fe de alumbramiento’, este es un documento federal y debe ir con  el nombre de la persona que llevó el embarazo a término. Luego esto se lleva con el contrato para sacar el acta de nacimiento, que es donde aparece la filiación a los o las intencionales. Entre la firma del contrato con el notario, antes de que comience la gestación, y el acta de nacimiento, luego del parto, ocurren las mayores violaciones a derechos humanos”, explica la abogada. Por ejemplo, la gestante puede pedir más de lo acordado y negarse a entregar el bebé, o los intencionales exigir cosas que no corresponden, incumplir su parte del contrato, decidir no pagar o hacerle imposiciones absurdas a la gestante, como prohibirle salir del país u obligarla a seguir ciertas rutinas o dietas. 

Ana

“Yo ya había tenido el embarazo de mi hija y quería vivir esa experiencia, algo diferente. Mi primera vez fue a través de una agencia de Cancún, en ese momento yo tenía 23 años, ahora tengo 30”, cuenta Ana, también mexicana, sobre su primera vez como gestante por sustitución con una de las agencias para la reproducción asistida que desde hace unos años aumentan en Cancún. “En ese momento me pagaron 160.000 MXN [7.300 USD]. Siento que no fue suficiente, eran 10.000 MXN cada mes y luego 70.000 MXN después del parto. Nunca me dieron para mis viáticos, así que al final no me pagaron lo que habíamos acordado, porque yo gasté demasiado en mis cosas personales y eso le tocaba a la agencia”, se lamenta. Hoy Ana planea repetir el servicio de gestación por sustitución, pero mejorando muchas cosas que no le gustaron de su experiencia anterior. 

Tabasco está al lado de Cancún y es allí donde se ubican las agencias, pues al ser la meca del turismo internacional en México, atrae intencionales. Este puede ser un caldo de cultivo perfecto para la explotación, porque el Estado ha hecho la vista gorda con los detalles. Para la abogada Ordóñez, “el problema no es la gestación subrogada o por sustitución, sino las condiciones en las que se desarrolla”.

“Conocí a los papás hasta los seis meses de embarazo. Me habría gustado que ellos estuvieran presentes desde el inicio, de pronto no físicamente, pero sí una llamada o una visita. También me hubiera gustado un trato más humanitario hacia las gestantes, por ejemplo, a una conocida no la eligieron porque era colombiana, eso no tiene sentido”, cuenta Ana sobre esa primera experiencia. “También tuve el problema de que eran dos embriones y perdí uno, entonces me tocó ir a un hospital del Gobierno, porque la agencia no se hizo responsable. Primero me mandaron a un lugar en Villahermosa, Tabasco, y la verdad es que no estaba acondicionado para una mujer embarazada. Cuando los papás se enteraron de cómo me trataba la agencia, contrataron a un abogado; me dijeron que habían pagado para que me trataran bien, me alojaron en un hotel cómodo y el parto por cesárea fue doloroso, pero me agradó que ahí estuvieran ellos, en el hospital conmigo. Era una pareja de dos hombres que vivían en San Francisco”. 

Actualmente Ana está en proceso de prestarle el servicio de gestación por sustitución a Carlos, un español de 41 años , radicado en CDMX: “Carlos me eligió a mí”. “Primero hablamos por Facebook, lo esperé a que solucionara unos problemas personales. Él decidió comer una vez al mes conmigo. Eso me agrada, porque los bebés empiezan a escucharte; ellos sienten y escuchan aunque estén dentro del estómago. Él está muy cerca y eso me emociona. No es que esté conmigo todo el tiempo, pero por ejemplo sí me acompaña al hospital. Ahora me están pagando una cantidad más grande y él le está pagando a la abogada. Yo quisiera que todas las gestantes sustitutas tuvieran mis derechos”.

Carlos 

“Cuando tenía 21 años, en mi primera relación, ya tenía el deseo de ser papá. Es un acto maravillosamente egoísta y que te hace mejor persona por el hecho de dar. El tiempo pasó y rompimos, y luego vinieron otras relaciones; cuando me estabilicé en México y con mi pareja de ese entonces vimos que la adopción era algo demorado, comenzamos a contemplar otras opciones. Si mi sueño es ser padre, en vez de comprarme un departamento, pues planeo ser padre”. 

Carlos empezó su proceso para la gestación por sustitución hace varios años: “Empecé a entrevistarme con posibles gestantes por sustitución porque yo quería que todo el entorno fuera muy humano, que fuera un proceso rodeado de gente que me quisiera. Me hice muy amigo de la doctora, de la abogada que nos está ayudando; mis hijos no han llegado y ya me dieron un mundo de amistades. Me entrevisté primero con una gestante, pero ella me buscaba con mucha urgencia y eso no me gustó. Luego ella me presentó a Ana y con ella tuve un verdadero feeling, y eso es muy importante para mí, porque ella va a ser el vehículo para que yo sea papá. Contacté a la abogada y ella tenía un modelo de contrato que había diseñado con la ayuda de varias abogadas en derechos humanos y varios jueces. Decidí hacer todo el proceso con ellas”. 

El proceso ha tardado, pues en el camino él tuvo que viajar a España a despedirse de su madre, que tenía una enfermedad terminal. Pero luego de regresar y prepararse psicológicamente, retomó el proceso: “Para la selección de óvulos busqué a alguien que se pareciera a mí: ojos verdes, azules o marrones; tez blanca; cabello castaño a rubio. Finalmente, el 23 de diciembre de 2019 firmamos el contrato. Ana me trajo un regalito y todo, yo estaba muy feliz. He trabajado mucho para pagar todo. Hubo que hacerle exámenes psicológicos a Ana, buscarle un seguro de vida… Pero ahora todo está frenado por el coronavirus”. 

El punto de vista de las gestantes

La gestación por sustitución o subrogación no es un trabajo para cualquier mujer. Se necesita tener ciertas condiciones físicas: es ideal haber tenido al menos un embarazo previo que no haya sido riesgoso o traumático, y tener una buena salud en general. La doctora María Angélica Paredes, ginecóloga especializada en biología de la reproducción, quien trabaja en una clínica de fertilidad en CDMX, explica: “Lo más importante desde el punto clínico es asegurarnos, antes de iniciar cualquier tipo de procedimiento, de que no haya tenido infecciones y hacer una consulta nutricional. Preferimos que las gestantes tengan entre 25 y 35 años, porque es el mejor momento en términos sociales y psicológicos”.

Lucía también cree que es importante contar con cierta estructura emocional: “No cualquier persona tiene la capacidad de separar o distinguir que un bebé no es tuyo”, dice. “Para mí, desde el comienzo fue muy claro que yo estaba cuidando el hijo de alguien más, como si yo fuera una maestra. Le hablaba a los fetos cuando íbamos a ver a los papás. Yo  sentía que se movían solo cuando escuchaban la voz de ellos”.

Ana tampoco formó un vínculo maternal con su embarazo. Cuenta Ana: “Para mi fue fácil decirle adiós a la bebé, yo no la cargué ni nada, me sentía orgullosa; pero cuando llegué a la casa así fue como un vacío, y ese vacío decidí compensarlo con una mascota”. Tampoco se formaron esos vínculos afectivos en sus familias. “Mi marido y yo nos sentamos con nuestros hijos cuando ya escuchamos los corazones y estábamos seguros del embarazo. Les explicamos que había una familia que no podía tener más bebés, pero que ellos querían otro miembro en su familia y que yo los iba a ayudar”, cuenta Lucía. 

Por otro lado, Ordóñez explica que no es correcto decir “renta de útero” o “vientre de alquiler”, porque la gestante no está vendiendo su cuerpo ni lo está rentando; su cuerpo está todo el tiempo con ella. “Lo que está pasando acá es que yo estoy poniendo el uso de m cuerpo en función de otro, según mi propia disposición estoy utilizando mi función orgánica en virtud de otros intereses. La función orgánica no es una cosa privada ni sagrada, cuando uno se sienta ocho horas frente a una computadora, también está usando su función orgánica para trabajar. El problema es que hay una hiperromantización de la maternidad y del uso de la función orgánica específicamente de las mujeres. Nos enseñaron que hay cuatro cosas que tenemos que hacer para nuestros maridos de forma privada, gratuita y en el ámbito privado: el trabajo doméstico, el sexual, el reproductivo y de cuidados. Si una mujer decide hacer cualquiera de esas actividades fuera del espacio doméstico, para alguien que no sea su marido y poniéndole un precio cierto y por un tiempo determinado, en el imaginario colectivo se vuelve una mujer marginalizada, sin voz, explotada e indigna. Es la idea de que hay mujeres marginalizadas a quienes no les atañe la voluntad, y eso es no entender cuáles son las motivaciones de las mujeres que están en un contexto que no conozco”. 

Aunque gestación por sustitución ha ocasionado grandes debates en la opinión pública, uno de los principales problemas de esta discusión es que no suele incluir las voces de las gestantes, a quienes no se les pregunta por sus motivaciones o necesidades: Si volviera a hacer esto, pediría que si me hacen cesárea, sea única y exclusivamente por emergencia. También pediría compensación por 18 meses, por si me da depresión posparto, apoyo psiquiátrico y psicológico”, dice Lucía. “Una semana después de que yo tuve la cesárea fue el sismo de septiembre de 2017 en CDMX, yo estaba comprando un coche, no me pude tomar la pastilla del dolor, estuve en shock y entré en depresión posparto; no pude trabajar y el psiquiatra me mandó una pastilla que surtió efecto 3 meses después”. 

Escuchar estas voces, que no suelen ser parte del debate público, también permite que otras mujeres que estén pensando en hacer lo mismo tengan un panorama claro de las condiciones y los riesgos. Ana está de acuerdo: “Yo a otra gestante le recomendaría que lo haga con todo el corazón y el amor, que esté informada, porque he visto muchos casos en que les ofrecen muy poco y en realidad es un riesgo tanto físico como mental”. 

¿Cómo garantizar los derechos de las gestantes?

En condiciones ideales la gestante por sustitución hará este trabajo por gusto y satisfacción: “Lo volvería a hacer sin problema, porque la satisfacción que tuve de ayudar a estas personas es lo más grande que me ha pasado en la vida. La mamá, que siempre había estado muy fría conmigo, cuando vio la cara de sus bebés lloró y me abrazó y me dio las gracias”, recuerda Ana. Con la compensación de su próxima gestación, ella planea dar más estabilidad económica a su familia: “La gestación ayuda mucho, porque es una cantidad de dinero que sí tardaría unos añitos en conseguir, entonces dije: hago la subrogación y con eso hago mi negocio y compro mi casa, lo que yo tengo soñado”. 

Hoy, desde su organización Ledeser A. C., Ordóñez lleva varios casos de gestación por sustitución. “Lo que nosotras buscamos es devolverle al Estado la responsabilidad. Esto ya está pasando, la reproducción asistida en el mundo está en crecimiento y la infertilidad también; es evidente que la gestación subrogada o por sustitución no va a terminar, entonces ¿cómo le devolvemos al Estado su papel?”, plantea. 

“Hicimos un contrato con la ayuda de abogadas que trabajan con derechos humanos, que debe presentarse con documentos que demuestren al juez que es un proceso seguro: seguro de vida, seguro de gastos médicos mayores, impresión diagnóstica nutricional, impresión diagnóstica psicológica (para saber no solo cómo estás, también si ese consentimiento fue dado de forma libre, y que ella cuenta con herramientas en lo personal y emocionales suficientes para lidiar con el proceso): tutores para el caso de fallecimiento, una indemnización por reposo absoluto, una compensación por ropa de maternidad y gastos de traslado, y todo esto, además de la contraprestación”. 

El debate

Uno de los principales debates en torno a la gestación por sustictución es de orden económico: ¿quiénes son las mujeres que prestan el servicio? ¿En favor de quién? ¿Quiénes pueden pagarlo? Es un servicio al que suelen tener acceso gente con gran poder adquisitivo y muchas veces se presta para la explotación de las mujeres o incluso para la trata de personas. 

Para muchas personas es problemático que las gestantes cobren por este servicio, porque lo ven como una comodificación de la maternidad. Sin embargo, incluso cuando no se cobra, un contrato es clave para no vulnerar derechos humanos. “Este andamiaje de compensaciones hace posible que el servicio sea realmente gratuito, porque si no, la gestante termina cubriendo todos esos gastos, y entonces no es gratis, ella está poniendo bastante de su bolsillo”, explica Ordóñez. Hoy Lucía vive en Canadá, en donde la gestación por sustitución está regulada, pero las gestantes deben hacerlo de forma “gratuita”. Ella no lo haría gratis. “Me parece que eso sería un abuso de mi persona y de mi buena voluntad. Este es un trabajo, es un servicio que yo le estoy prestando a alguien y es justamente por eso que sin remuneración yo me sentiría explotada, me sentiría como basura”, dice. Por otro lado, la gratuidad, especialmente cuando es voluntaria, expone a las gestantes a condiciones de explotación: “Si tú obligases a una mujer a gestar de forma gratuita, entonces estarías institucionalizando el mandato de género: yo tengo la obligación de parirle a mi marido, busco a alguien que me ayude, también gratis, y gratis por obligación”, explica la abogada Ordóñez. 

El debate no se ha quedado en la opinión pública y es uno de los más profundos cismas dentro de las posturas del feminismo contemporáneo en donde, frente a la gestación por sustitución, algunas son abolicionistas y otras, regulacionistas. El debate es similar al que gira en torno al trabajo sexual: ¿se está comodificando el cuerpo de las mujeres? No se puede contestar estas preguntas sin conocer las realidades de las mujeres que, voluntaria y libremente, eligen prestar el servicio de gestación por sustitución. “En CDMX la experiencia nuestra no es de mujeres marginalizadas, sino de madres solteras que trabajan para oficina, no son mujeres sin secundaria terminadas. Eso también te invita a dar una mirada al contexto: ¿cómo es la gesta en Tabasco? ¿Cómo es en CDMX?”, se pregunta Ordóñez. Yo creo que si existe una oportunidad de trabajo, habrá quien diga: ‘Yo lo hago’. Si este trabajo no está regulado lo suficientemente claro como para ser seguro, haces que las mujeres más marginalizadas opten por él; pero no creo que la gesta per se sea lo que marginaliza a las mujeres”. 

La importancia de la legislación 

Aunque en Tabasco la gestación subrogada es legal desde 1997, no fue un debate sino hasta después de que se aprobara el matrimonio igualitario, porque muchas parejas de esa comunidad, cansadas de la discusión sobre si podían adoptar o no, se fueron hasta allá y optaron por la gestación por sustitución. Entonces entraron a la discusión la Iglesia y el Partido de Acción Nacional (PAN) —que ha liderado en México la oposición a la legalización del aborto y el matrimonio igualitario—, y en Televisa comenzaron a salir reportajes en los que la gestantes eran retratadas como si todas, sin excepción, fueran víctimas de trata de personas, con música sensacionalista de fondo y argumentos moralistas en contra de la gestación por sustitución.

En ese contexto político, el tema se empezó a posicionar solo desde la explotación con fines reproductivos. “Para el 2015, luego de que se aprobara el matrimonio igualitario en México, yo llevaba casos para defender los derechos reproductivos de personas LGBTI, y me empezaron a buscar familias de parejas del mismo sexo que habían llevado el proceso de gestación en Tabasco y necesitaban sacar sus documentos de identidad. Entonces tuve acceso a muchos contratos de agencias de reproducción, testimonios de clínicas, de gestantes, y le empecé a preguntar a las gestantes si lo volverían a hacer y qué cambiarían” cuenta Ordóñez. “Pedían, por ejemplo, reducción embrionaria y decidir si el embarazo podía ser gemelar o con tres embriones, o no; pedían una indemnización por reposo absoluto en caso de tener un embarazo de alto riesgo. A partir de todo esto yo empecé a trabajar en el diseño de un proceso que estuviera libre de violencia y que se saliera del entorno de las agencias, que cobran 10.000 euros solo por hacer la conexión entre clínicas, intencionales y gestantes. Me di a la tarea de hacer una investigación, que ha durado 4 años, sobre cómo se llevan los procesos en diferentes países. Quería saber por qué había procesos exitosos y otros que acababan en trata y explotación”.

Ordóñez explica que es importante diferenciar entre los países en donde la gestación subrogada o por sustitución se hace a través de procesos administrativos (Rusia, Georgia, Ucrania, India, Tailandia) y donde se hace a través de procesos jurisdiccionales (EE. UU., Canadá, Países Bajos, Reino Unido). “En los procesos jurisdiccionales el contrato no se presenta frente a un notario, sino frente a un juez o jueza, que va a revisar si el contrato respeta los derechos humanos y tiene perspectiva de género. El juez tiene que verificar el equilibrio entre las partes, que la gestante no haya sido forzada a firmar y que esté plenamente informada sobre lo que está firmando; si el juez o jueza considera que el contrato requiere cualquier tipo de elemento de seguridad o protección para las partes, lo puede solicitar, algo que el notario no puede hacer”, explica. 

En el resto de México la gestación subrogada o por sustitución tiene un estatus a-legal: no es ilegal, ilegal sería que estuviera prohibida, pero no hay regulación. No obstante, en Latinoamérica, México es el único país con regulación; existen dos precedentes jurisdiccionales en Argentina y hay intentos de regulación administrativa en Venezuela, Colombia y Guatemala. 

Estado de la legislación en Colombia

El Código Civil colombiano data de 1887 y, a partir de la Constitución de 1991, se han hecho modificaciones, algunas gracias a sentencias de la Corte Constitucional y la Corte Suprema. En los últimos años, un equipo de académicas y académicos de la Universidad Nacional se ha dado a la tarea de recopilar y unificar todas estas modificaciones y codificarlas. La nueva propuesta de Código también llena muchos vacíos en las relaciones civiles de los y las colombianas. 

La Sentencia T-968 de 2009 de la Corte Constitucional define la maternidad subrogada como: “El acto reproductor que genera el nacimiento de un niño gestado por una mujer sujeta a un pacto o compromiso, mediante el cual debe ceder todos los derechos sobre el recién nacido a favor de otra mujer que figurará como madre de este. En este evento, la mujer que gesta y da a luz no aporta sus óvulos. Las madres sustitutas aceptan llevar a término el embarazo y una vez producido el parto, se comprometen a entregar el hijo a las personas que lo encargaron y asumieron el pago de una suma determinada de dinero o los gastos ocasionados por el embarazo y el parto”. En esta sentencia la Corte llamó a regular la gestación por sustitución en Colombia y en 2016 llegó al Congreso un proyecto de ley, pero este no prosperó. 

Sin embargo, en la nueva propuesta de Código Civil se intenta recoger la sentencia en la sección de derechos sobre el cuerpo del capítulo sobre los “derechos de la personalidad o humanos”. El artículo 51 dice: “La gestación subrogada se encuentra permitida, de lo cual deberá dejarse constancia escrita por documento para que produzca efectos jurídicos, previo consentimiento informado de todos los partícipes. En este caso se considera como madre biológica a la dadora del material genético sin que la gestante pueda alegar derecho diferente a los consagrados en la concesión de las partes. Los dadores del material genético tendrán que concurrir al pago de los gastos médicos y de cuidado que son requeridos durante el embarazo y hasta el puerperio”. Por lo pronto, el artículo 51 no contempla a parejas del mismo sexo como beneficiarias de este servicio ni dictamina si el documento debe presentarse ante un notario o juez, o si debe haber una remuneración para las gestantes. En estos momentos, esta propuesta de Código Civil se está socializando y la comunidad jurídica y la ciudadanía pueden aportar comentarios hasta el 23 de octubre de este año

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