Se trata de las denuncias de ocho mujeres

Por: Catalina Ruiz-Navarro

Con relación a las declaraciones dadas hoy por Cristina Gallego, ex esposa y socia de Ciro Guerra al periódico El Tiempo, en respuesta al reportaje que publicamos Matilde de los Milagros Londoño y yo en la revista Volcánicas, titulado “Ocho denuncias por acoso y abuso sexual contra Ciro Guerra”, quiero contestar lo siguiente:

Entiendo de dónde viene Gallego: está protegiendo su familia y, supongo, su patrimonio. Entiendo que Gallego y su familia están en una situación muy difícil, en la que los puso Guerra, no la denunciantes, ni la revista, ni las periodistas que hicimos este reportaje. Ya he dicho antes que “ni las parejas actuales, ni las amigas, ni las hermanas de los agresores son responsables por sus acciones ni podemos culparlas si los apoyan. Están en una situación muy difícil y no merecen ser juzgadas.” En esa medida es una lástima que quien salga a defender a Guerra sea su ex-pareja, mientras él no asume responsabilidad por sus actos. Entiendo también la estrategia de desacreditarme personalmente a mí, es una falacia que tiene nombre: argumento ad hominem. Pero eso no cambia las 8 denuncias que hacen 8 mujeres reales, y que están soportadas por un trabajo con rigor periodístico. 

Eso dicho, sus declaraciones redundan en algunos argumentos tradicionales del patriarcado para defender a los acosadores y agresores sexuales. Leerlos en palabras de una mujer es una desilusión -aunque no una sorpresa-. Estos argumentos machistas no pueden quedarse sin respuesta. 

Para empezar, el acoso y el abuso sexual no son “carencias a la hora de conquistar o falta de asertividad”. Estas mujeres dijeron que NO de forma clara y reiterada, y Guerra, en la entrevista que le hicimos dice que entiende que si una mujer dice que no, es necesario parar. Que Gallego sienta que Guerra no la ha agredido a ella personalmente -a pesar de que reconoce múltiples infidelidades- no es suficiente para descartar estos testimonios. También, como dijo hoy Luciana Cadahia “Es problemático que C. Gallego diga que como el abuso se da en privado entonces la reparación también debería ser en privado. Y más problemático hacer coincidir ‘lo público’ con ‘el linchamiento’. Otra vez la culpa recae en quien hace público el problema”. El buen nombre de los victimarios no vale más que la dignidad de las mujeres. 

Tampoco tiene nuestra investigación un titular “incendiario”, sino bastante preciso, y si se vuelve a leer el artículo se verá que en negrilla están subrayados los hechos de los testimonios que lo sustentan. Tampoco tomamos nosotras, desde Volcánicas, la justicia en nuestras propias manos: como periodistas presentamos unos hechos que investigamos de forma extensiva y con rigor, hechos sobre los cuales tenemos una opinión porque somos personas vivas y pensantes, pero jamás hemos dictaminado cuáles deben ser las consecuencias para Guerra, porque ya que no somos juezas, eso no nos corresponde.

Por otro lado, el escrache no es una moda. Como he dicho antes: “El escrache, una forma de protesta, sobrevivencia y sanación; una estrategia de sanción y castigo social y denuncia pública, que ha cobrado relevancia en los últimos años debido a las denuncias por acoso y abuso sexual que han empezado a surgir gracias a un larguísimo trabajo de desestigmatización de la violencia de género que han hecho las feministas.” El escrache es una herramienta legítima de protesta y un uso de la libertad de expresión, pero estas denuncias no son escrache, son un paso más allá: una investigación periodística. Tampoco son “linchamiento”, y usar esa palabra para referirse al periodismo de investigación estigmatiza el oficio periodísitco. 

Los hombres, como dice Gallego, no tienen “pánico”, porque conservan el poder material y económico y los medios para defenderse. Nadie niega la calidad de las películas que Guerra ha dirigido con un equipo humano muy talentoso, y nadie le pide que deje de hacer películas. Jamás he dicho que los estímulos culturales se le deban dar solo a las mujeres, he dicho que, en adelante, deben beneficiar a todas esas personas que tienen talento y han sido capaces de hacer excelentes producciones sin usar su poder para acosar, entre ellas, muchas mujeres. Pensemos en cómo este poder hoy le sirve a Guerra para defenderse y pagar un carísimo bufete de abogados. Y, de paso, vulnerar la libertad de expresión de todas las mujeres al argumentar que solo pueden hablar de las violencias que viven ante un juez, y arremeter contra la libertad de prensa judicializándonos a nosotras por hacer nuestro trabajo como periodistas. 

La opinión pública pone en el mismo paquete la violación de una niña embera por parte del ejército con las agresiones de Guerra porque, aunque están muy lejos de ser lo mismo, hacen parte del espectro de violencias machistas que existen en el patriarcado y sobre las que por fin estamos teniendo una conversación a nivel nacional, una conversación que ya se ha dado en varios países de Latinoamérica y a la que Colombia llega tarde. Son violencias que aunque distan mucho en sus formas de expresión tienen un origen en un mismo problema que es no reconocer la humanidad de mujeres y niñas. 

Leo a Gallego y entiendo su dolor, un dolor que tiene origen en las acciones de Guerra, y la invito a que también escuche el dolor de las víctimas. En realidad aquí lo importante es que hay 8 mujeres víctimas, que hoy denuncian que fueron afectadas emocional, física y profesionalmente por Ciro Guerra, y un problema de salud pública que es la violencia contra las mujeres. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.
A %d blogueros les gusta esto: